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domingo, 5 de julio de 2015

Empirismo y subjetividad

  

En la trayectoria filosófica de Gilles Deleuze (nacido en 1925) se pueden distinguir dos etapas: la de antes y la de después del Anti-Edipo (1972). La primera está marcada por una serie de investigaciones de historia de la filosofía en las que se percibe una búsqueda guiada por una clara preferencia: Hume (1953), Nietzsche (1962), Proust (1964), Bergson (1966), Espinoza (1969). En cada uno de estos estudios, Deleuze trata de descubrir las grandes líneas de fuerza, poniendo el acento en las tensiones más que en las significaciones.
Empirismo y subjetividad, dedicado a la filosofía de Hume, inaugura pues, esta serie. Con su vuelta a Hume y el énfasis que éste pone en la fuerza de la imaginación y el subjetivismo de todo conocimiento, Deleuze anticipa algo de lo que será su tarea en los años sesenta. "íLa imaginación al poder!" era el lema de combate del mayo 68, año en que Deleuze escribe su Diferencia y repetición, creando con su empirismo transcendental post-kantiano su propia filosofía.
Hoy tenderíamos a decir en primer lugar que Hume, con su positivismo crítico, es uno de los grandes anticipadores de las ciencias cognitivas contemporáneas. Por eso, Empirismo y subjetividad desafía al estudioso a indagar en qué aspectos el genial escocés inspiró también el tan creativo y rebelde discurso filosófico francés de las décadas cincuenta y sesenta. Protector de Rousseau y admirado por los enciclopedistas, la presencia física y el temprano reconocimiento de Hume en Francia dejaron sin duda sus huellas imborrables.

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