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miércoles, 8 de julio de 2015

El pliegue. Leibniz y el Barroco


El pliegue ha sido siempre una constante de todos los períodos artísticos, pero fue el Barroco el que lo condujo hasta sus propios límites. La condición inequívocamente barroca de la filosofía de Leibniz. La condición inequívocamente barroca de la filosofía de Leibniz, por ejemplo, encuentra su justificación en que, en ella , todo se pliega, se despliega y se repliega. Su tesis más célebre es la del alma entendida como una mónada, sin puertas ni ventanas, que obtiene sus más claras percepciones de un sombrío fondo: una teoría que sólo puede entenderse por analogía con el interior de cualquier capilla barroca de aberturas imperceptibles para el que la observa desde dentro. Así pues, el alma está también llena de pliegues oscuros. Lanzándose a la ingente tarea de descubrir un neobarroco moderno, este libro se dedica a seguir la historia del pliegue infinito en todas las artes. En la poesía de Mallarmé y la novela de Proust, pero también en la obra de Michaux, en la música de Boulez y en la pintura de Hantaï. Una especie de neoleibnizianismo que no ha dejado de inspirar a las más diversas teorías filosóficas. Uno de los más importantes filósofos franceses de todos los tiempos, Gilles Deleuze es igualmente autor, entre otras muchas obras, de Empirismo y subjetividad, Nietzsche y la filosofía, Proust y los signos, Spinoza: filosofía práctica, ¿Qué es la filosofía?, Foucault, La imagen-movimiento, La imagen-tiempo, Lógica del sentido y El Anti Edipo (con Félix Guattari), las cinco últimas también publicadas por Paidós.

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